DE VUELTA AL RUEDO

¡Qué rápido pasa el tiempo cuando somos felices y nos dejamos llevar por la ilusión de emprender nuevos proyectos! Parece mentira que ya haya pasado un año desde que me di cuenta que “la vida son dos trazos y un borrón” y que necesitaba salir por aquella puerta sin mirar atrás para comenzar un descanso (merecido) que me llevaría a replantearme mi proyecto futuro. Tener que abandonar un barco porque se hunde da miedo, no sabes qué tipo de seres marinos te aguardan en el fondo del mar y si conseguirás llegar viva a tierra firme. Sin embargo, más miedo da ver como se anuda tu respiración y se evaporan tus esperanzas.

Si permites que te roben el mapa del país de tus sueños dejas de existir automáticamente como persona y es entonces cuando te conviertes en algo así como un “caminante”, pero con la salvedad del olor a cloaca o la obsesión de comerte las tripas de otro ser humano como ocurre en The Walking Dead. Y no, no exagero. Se muy bien que si te rindes es entonces cuando podrán contigo y con tus sueños. Por ello, mi recomendación es agarrar con firmeza el timón de nuestro barco y dirigirnos con tesón hacia nuestra tierra prometida sorteando tempestades y echando por la borda a todo polizón interesado en sabotear nuestra travesía.

Por mi parte he utilizado este último año para trazar un nuevo mapa y una nueva hoja de ruta. Me ha dado tiempo a hacer y deshacer maletas, visitar lugares increíbles y empezar a trazar el plan de los planes, el superplan de mi vida. Como primera parada del crucero rumbo a mis sueños está la vuelta al ruedo, es decir, al mercado laboral. Y si lo pensáis bien, lo de volver al ruedo es casi de manera literal. Entrar en ese redondel, coso, albero o palestra significa lidiar con el toro. El ruedo o el circo no tiene porqué ser redondo, puede ser un polígono de muchos lados.  El terreno del albero debe ser en teoría llano, pero duro y arenoso, y sin irregularidades que puedan provocar algún tropiezo accidental. Y como muchas cosas en este país, esta es la teoría y otra cosa es la práctica.

A pesar del actual paradigma laboral de este país, uno de mis objetivos era afrontar esta nueva andadura con un ritmo suave, relajado y sobre todo, asumirlo con mucho entusiasmo. El trabajo siempre es trabajo, pero esto no debe verse como algo negativo. No significa mirar el reloj constantemente a ver cuando llega la hora de irse a casa. Se trata de comprometerse con la labor y tener una visión positiva de la tarea que realizamos. Un truco que funciona a menudo es utilizar los cinco minutos antes de salir de casa rumbo a la oficina para visualizarte saliendo por la puerta del trabajo contenta después de una jornada productiva y gratificante.

Una vez que se termina la jornada laboral debe empezar “obligatoriamente” las actividades para disfrutar de nuestro tiempo libre y mejorar nuestras destrezas o habilidades. Nada de sofá y esperar a que llegue por si solo el “mañana”. Y aunque la situación laboral tenga tintes de injusticia o mala gestión, siempre se debe realizar el trabajo lo mejor posible como si fuera un desafío personal.

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DIRECTOR, AGENTE DOBLE O MAESTRO DE ESPÍAS, ¿QUIÉN ERES TÚ?

Igual que en la sabana africana tenemos el león, la leona, el tigre, la jirafa y el hipopótamo, en las empresas, también tenemos todo un ecosistema con su particular cadena alimenticia. Tenemos de todo, directores, directores adjuntos, maestros de espías, analistas, agentes dobles y asesinos. Siempre lo he dicho y siempre lo diré. Para mi, las personas, los trabajadores, son el motor del cambio, el capital más valioso del que dispone una empresa para adaptarse al mercado, competir y diferenciarse. Sin embargo, ni todos los trabajadores tienen el mismo puesto jerárquico dentro de una compañía ni el mismo rol. 

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Hace un par de años, con el objetivo de determinar qué clase de trabajadores tenía a mi cargo, comencé a llevar a cabo dinámicas de grupo. Si bien investigué sobre ellas y leí muchos libros, las técnicas propuestas me parecían bastante aburridas y fáciles de manipular. Así que un día se me ocurrió la idea de llevar a la oficina juegos cooperativos. Estos juegos son bastante desconocidos y a menudo me es difícil encontrar personas que quieran jugar con ellos. Muchos piensan que es aburrido jugar cuando no se hace necesario competir o no hay contrincantes. Para ganar en los juegos cooperativos es obligatorio la comunicación y la toma de decisiones continua. Y, en los tiempos que corren, escuchar, aprender de un compañero y tomar decisiones en consenso es todo un reto.

En las dinámicas que he podido organizar hasta el día de hoy me he topado con diferentes roles, es decir, sistemas de conducta. Para comprender y entender mejor cómo es cada uno de esos sistemas de conducta les he puesto los nombres de los personajes de un juego de cartas que me gusta mucho: Guerra Fría, CIA vs KGB. Mi favorito es el asesino. Quienes ejercen ese rol están en contra de todo, ya sean ideas, iniciativas o política empresarial. Es el enemigo por excelencia del consenso. A él o ella les gusta sabotear las reuniones llenándolas de discusiones absurdas, cuestionan las decisiones ya tomadas o sabotean proyectos.

En el lado opuesto estaría el director adjunto. Es aquella persona que, teniendo o no un puesto relevante en la organización, se erige como el defensor de los derechos del grupo de trabajadores, no tiene miedo a acudir a la dirección para compartir las necesidades o dudas de todos. Es valiente, confía en hacer lo correcto y sus acciones son nobles. A menudo sus compañeros se sienten muy cómodos hablando con él o ella sobre sus miedos o incertidumbres acerca de la organización o la dirección.

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El maestro de espías vive en la gloria. Lo escucha todo, pero es un pasota. Una de esas personas a las que no le afecta nada, no entra en discusiones, pero tampoco aporta ideas. Esta en una zona de confort, no lidera, pero tampoco crea problemas o discusiones. Cumple con el mínimo y si puede, se escaquea de las tareas. Por su parte, el analista no para de disparar ideas a diestro y siniestro. Quiere destacar, le encantaría ser un líder nato, llevar la etiqueta de la innovación y ser admirado por sus superiores. Sin embargo, aunque no para de hablar en una reunión, no aporta nada y tampoco escucha a los demás.

El que juega a dos bandas es el agente doble. De cara a la dirección se hace pasar por el auténtico pelota. Para sus compañeros es el defensor de sus derechos y todo un movilizador. En realidad, hace y deshace a su antojo con tal de jugar con todos. Manipula la información para cumplir con un interés que nada tiene que ver con el trabajo. Es, en toda regla, un manipulador. Y por último, nos queda el director. Su actitud sobresale naturalmente en la mayoría de las circunstancias y sobre todo cuando los equipos son muy numerosos. Tiene iniciativa, consigue que sus compañeros trabajen con entusiasmo, además de lograr los objetivos que persigue la compañía.

En la vida y en las empresas nos topamos con muchas personas, aptitudes, actitudes e inquietudes. A mi entender, tener la capacidad de observar y el poder transformador de propiciar el cambio dentro de una organización u empresa requiere de un don, pero también de intuición y mucha experiencia. Espero algún día ayudar a comprender a las empresas que su personal es el capital más valioso del que disponen. Guiar hacia su verdadera vocación a aquellos valientes que tras una carrera, un master y algunos tumbos en diferentes empresas están listos para el cambio. Y demostrarles a muchas mujeres que tras un periodo de descanso, el talento no se esfuma y que pueden reinventarse. 

BLOQUEO MENTAL

Hace unos años, en el ejercicio de la profesión de comunicadora, pensaba a menudo en el bloqueo mental del escritor. Aquel que sentimos muchos periodistas ante el papel en blanco. Sin embargo, hoy no voy a hablar sobre éste en particular, sino del bloqueo mental que padecen las víctimas de acoso psicológico en el trabajo por parte de sus superiores, algunos de los síntomas y las consecuencias que tienen para su vida laboral y personal.

Es verdad que muchos bloqueos productivos que padecemos los trabajadores en determinados momentos son ficticios, como decía Berto Pena en uno de sus post en ThinkWasabi hace ya algún tiempo. Recuerdo también que él nos comentaba en una charla sobre productividad personal que el bloqueo productivo es fruto de una artimaña de nuestra propia mente, la cual actúa como una “sucia mentirosa” que tiende a magnificar y distorsionar el trabajo o la tarea que tenemos delante.

Sin embargo, el bloqueo mental provocado por un acoso continuado con estrategias que van desde quitarte áreas de responsabilidad clave ofreciéndote a cambio tareas rutinarias sin interés o dejarte sin tareas; modificar sin decirte nada las atribuciones de tu puesto de trabajo; menoscabar tu autoridad delante de tus subordinados; amenazarte de manera continuada con el despido, el impago de tu hipoteca o la no recomendación para un futuro empleo a pesar de haber trabajado mil horas para la organización e invadir tu privacidad interviniendo tu correo electrónico no es ficticio, es real. Y la mente no tiene el papel de la “sucia mentirosa”, sino de víctima.

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De este tipo de acoso, como escribe Hirigoyen en su libro El acoso moral: el maltrato psicológico en la vida cotidiana, “no hay ninguna prueba de la realidad que está padeciendo. Cuando hay violencia física, sí hay elementos exteriores que están ahí para atestiguar lo que sucede: informes médicos, testimonios oculares o informes policiales. Pero en una agresión perversa no hay ninguna prueba. Se trata de una violencia “limpia”. Nadie ve nada”.

Ese jefe perverso es capaz de destruirte con palabras aunque parezca mentira. Ese ser perverso busca poder y no tiene escrúpulos para utilizar a otros, ya que todos son meros objetos.  Además, este ser es sarcástico y ácido, te da mensajes contradictorios, pero a la vez es un seductor. Utiliza una sutil estrategia para confundirte y, si te quejas, el perverso siempre niega el conflicto.  Le gusta enturbiar de tal manera que la culpa quede en la niebla y sin ésta, no hay culpable.

Después de muchas conversaciones con varias mujeres, la mayor parte procedentes del mundo del marketing, y un cien por cien en puestos directivos, todas me describen situaciones en las que han sufrido y sufren acoso laboral de sus superiores o socios de la compañía. En muchos casos coinciden: el motivo principal para acosar es encubrir la ineptitud o la mediocridad porque sienten miedo sobre el futuro de sus carreras profesionales o ante un cambio inminente en el mercado que afectará a su compañía. Sin embargo, ningún motivo es justificación suficiente para hacer lo que ya se conoce como mobbing.

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Cuando la empresa (la cúpula, bien sea directores generales o socios) es la que dirige la estrategia de acoso, detrás suele haber una estrategia empresarial. Una vez que te etiquetan como empleado “molesto”, aunque no te puedan reprochar nada, comienzan a utilizar la táctica de la desesperación. Esta táctica consiste en hundirte psicológicamente sin que suponga ningún coste para el empresa. A veces quieren incorporar en ese puesto tan jugoso a un amiguete suyo o eliminar a quien sabe más de la cuenta sobre irregularidades o ilegalidades de la empresa. Poco a poco se te asignan objetivos inalcanzables, informes absurdos que te ocupan semanas, te sobrecargan de trabajo algunos días, y otros te dejan sin ninguna tarea. Después, continúan quitándote campos de responsabilidad, concediéndote tareas sin interés para reducirte de categoría como si nada para que te frustres. Todo con tal de que sea el trabajador o la trabajadora la que dimita.

En un principio, no compartes con nadie tu frustración y desmotivación, ya que lo más común es pensar que debes mejorar, que no estás a la altura del puesto de trabajo, que debes dar tu vida por la empresa por miedo a que se hagan realidad las amenazas. Hasta que un día alguien que ya sabe que esto se llama acoso laboral te abre los ojos, y descubres que estás perdiendo tu salud y, después, tu felicidad y por consiguiente bajarás tu productividad y empezarán los bloqueos mentales.  Cada minuto en esa oficina se convertirá en un infierno del que no sabes cómo salir y la opción más fácil te parece presentar una carta de dimisión como quieren ellos.

Acudir todos los días a la oficina donde recibes este hostigamiento es agotador. Y llegar a casa, compartir tus sentimientos acerca de tu trabajo y que familia y entorno social no te comprenda, o te rechacen, malgasta la poca energía que te queda. Escuchar “esto es así en todos los trabajos” o “no aguantas nada” se convierten en lo habitual. Nadie se atreve a decir: esto es acoso laboral.

Y cuando ya sabes que padeces acoso laboral, ¿qué haces? Ya has perdido la ilusión por el proyecto, la motivación por superar los objetivos y superarte a ti misma y sólo quieres huir. No puedes pensar en agarrar el toro por los cuernos porque tienes miedo a las represalias de llevar a la empresa a juicio y, también, al hecho de que, después de conseguir demostrarlo con una sentencia en firme, esa misma te devuelva a tu puesto de trabajo en las mismas circunstancias, cuando lo único que quieres es olvidarte de que algún día estuviste allí.

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Lo que he aprendido de mi propia experiencia laboral y de la de tantas mujeres que han compartido conmigo su historia es que es necesario romper el silencio buscando el apoyo de los más cercanos.  Y respecto a los bloqueos mentales,  la mejor solución es tomarte un descanso, una pausa, siempre proporcional al nivel de bloqueo vivido, cambiar de actividad y dejar que nuestro inconsciente trabaje por sí solo. A medida que reduzcas el problema o el trauma vivido por una situación anterior, aflorará la motivación y la creatividad.

Aquellas características que una vez intentaron enterrar tus superiores erróneamente.  La mejor herramienta de la que puede disponer una empresa para afrontar los obstáculos del entorno es la creatividad y la motivación de sus trabajadores. Son ellos el capital más valioso del que dispone una compañía, sus ilusiones, ideas y motivación. Su felicidad es el motor de la productividad y la energía creativa es el elemento que permitirá a la empresa desarrollar su proyecto de manera escalable y sostenible en el tiempo.

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