NI CORTINAS NI PERSIANAS

Dejar que el ritmo solar sea el que marque tu ritmo biológico. Volver en bicicleta del trabajo y ver la luz procedente de los salones holandeses a tu paso. Te sientes parte de todos, de las familias que cenan alrededor de una gran mesa de madera, del marido que besa a su mujer al llegar a casa después de un largo viaje y de la madre que lee un cuento a sus hijos antes de dormir. Día y noche sin cortinas o con las cortinas corridas. No existe el pudor. No hay secretos que ocultar. Se sienten orgullosos del interior de sus viviendas y de sus vidas. Sus grandes ventanas son un reflejo de su carácter abierto y directo. La transparencia impregna toda su cultura.

Desde que viví en el norte de Europa me cuesta dormir en una habitación totalmente a oscuras. De hecho, en la casa en la que vivimos ahora en España no tenemos persianas y la mitad de la casa no tiene cortinas. Durante mucho tiempo amigos y familiares miraban la casa extrañados. No lo podían entender. Nos recordaban que sin cortinas los vecinos podrían ver el interior de nuestra casa y lo que hacíamos. Tan solo en la habitación principal tenemos una cortina, una de esas blackout. El motivo es mi marido. Él es uno de esos españoles que no pueden dormir si hay el más mínimo rayito de luz intentando asomarse por la ventana. Pero el resto de la vivienda comulga con nuestro estilo de vida: transparencia ante todo.

Y hoy, más que otros días, pienso en esto mientras veo Callejeros Viajeros en Amsterdam. El reportaje destaca los grandes ventanales sin cortinas de la ciudad de los canales. De entre los muchos españoles que viven en Amsterdam el reportaje nos presenta a un hombre casado con una holandesa. Ella, a diferencia de la gran mayoría, ha decidido tener a su bebé en la cama de su casa frente a una ventana. La periodista y el cámara le preguntan cómo es esto de vivir sin cortinas, y la mujer les cuenta que su madre vio a todas sus vecinas dar a luz a través de su ventana, y como, durante los días sucesivos, iban apareciendo las visitas para conocer al bebé. Exhiben con orgullo el interior de sus casa y sus vida. Piensan que no hay motivo para sentir pudor.

Vamos, que era y es normal estar al tanto de la vida de los demás y que los demás estuvieran y estén al tanto de la tuya sin entrar en chismorreos ni en secretismos. Los holandeses no tienen nada que ocultar. Exponen su vida tal cual es. No existen los cotilleos en el hueco de la escalera ni el chirriar de las mirillas al menor ruido en el descansillo. Nadie se obsesiona por saber a qué hora llega la del quinto o con quién sale de casa la del bajo. Y no es solo porque las escaleras de las casas holandesas sean tan estrechas que casi no entra ni una persona de canto. Es porque no existe la necesidad de conocer aquello que se nos esconde.

¿Por qué entonces nuestras cortinas y persianas? ¿Para que nadie sepa a que hora llegamos del trabajo? ¿Con quien vivimos? ¿A quién queremos?

VA A SER QUE NADIE ES PERFECTO

“Ya nadie acepta que se ha equivocado. Ya nadie acepta la culpa. Todo el mundo piensa que la culpa es de los demás. Y si las cosas se pueden hacer bien, pues coño, también se pueden hacer mal”. Me incorporo tras oír estas palabras. Aparto montones de kleenex buscando el mando de la televisión. Unas décimas de fiebre y una infección no me permiten oír con claridad al señor que habla. Es una película española. En condiciones normales cambiaría de canal o apagaría la televisión rápidamente, pues padezco una especie de síndrome de asperger con el humor casposo de nuestro país. Es decir, no entiendo el significado de los chistes o mofas más allá de lo literal. O no quiero entenderlo por no pensar cada dos segundos: ¡ay qué asco! Sin embargo, en esta ocasión,  el mensaje y los personajes me gustan y decido incorporarme para enterarme de la trama.

Fernando Tejero encarna el papel de un ciego que va a casarse con su novia de toda la vida. Él tiene dos amigos: un sordo ligón, interpretado por Santi Millán, y un cojo con muy mal genio, caracterizado por José Luis García. Los tres amigos celebran la despedida de soltero sin saber que esa noche sus vidas cambiarán para siempre. Cada uno se encontrará con aquella persona que estaba buscando, descubriendo que aquello que les falta es lo que les hace especiales. En una de las escenas, el cojo, sin sus amigos, espera sentado su turno en el depósito municipal de la grúa. Junto a él se encuentra un señor que acude regularmente al depósito con la finalidad de escuchar las historias de todo aquel que va a recoger a su coche. Le cuenta al cojo que lo que más le llama la atención de todas las historias es que hoy en día ya nadie es capaz de reconocer un error. ¿Tan difícil es reconocer que aparcamos mal el coche?

¿Por qué es una tragedia equivocarnos? ¿Reconocer un error es humillarse? ¿Te da vergüenza decir “me equivoque”? ¿Tienes miedo a equivocarte de nuevo? ¿”El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse” como decía Churchill? Sé que no es fácil reconocer que nos equivocamos. Duele. Son derrotas. Da miedo. Sentimos vergüenza. Hiere nuestra autoestima. Sin embargo, desde que comenzamos a caminar nos caemos. Y ahí están nuestros padres para decirnos: “no pasa nada. Aúpa, vuelve a intentarlo”. Damos un pasito tras otro con las manos extendidas buscando a mamá y a papá para que nos digan: “¡bien hecho!”. Si no nos hubiéramos levantado de nuevo, ahora no sabríamos andar. De modo que los errores deben ser parte del aprendizaje. ¿No?

Para mi cometer un error, como perfeccionista que soy, me supone un gran batacazo. No obstante, he dedicado mucho tiempo a aprender a gestionar mis propios errores por mi bienestar. Sé bien que sentirte demasiado culpable o demasiado afectada por un error puede impedirte continuar tu vida con normalidad. El miedo puede llegar a bloquearnos hasta límites insospechados. Para evitar eso lo primero que debemos hacer es cambiar la percepción que tenemos de los errores. Éstos son parte del aprendizaje y solo con ellos obtenemos información importante sobre hacia donde dirigirnos en esta vida. Hoy en día me topo con muchas personas que sienten miedo a cambiar su trabajo aburrido por otro nuevo que implica un reto y el aprendizaje de otra disciplina. Dejando a un lado todo lo que ya sabemos de la crisis y las responsabilidades familiares que todos tenemos: ¿Qué es lo peor que te pueda pasar? ¿Que te equivoques y resulte no ser aquello que esperabas? ¿Qué aprendas algo nuevo? ¿Qué te dediques profesionalmente a otra cosa que te motiva mil veces más? Sea cual sea el resultado nos aportará información y conocimientos.

A veces los errores son necesarios para advertirnos de algo. Varios días de despistes nos indican que tenemos la mente en otra parte. No somos capaces de concentrarnos y podemos cometer un error mayor. Sin embargo, nada de lo anterior sirve sin un poquito de humildad. Si no reconoces que estás despistado y que has cometido algunos errores, no sabrás que estás a punto de cometer un error mayor que puede tener consecuencias realmente graves.

Y aunque un día cometamos un error grave, a pesar de la vergüenza y humillación que podamos creer sentir, no debemos huir de la responsabilidad, ni mostrarnos agresivos u ofendidos porque otros nos hagan alguna observación al respecto. Nuestra meta, después de asimilar el error, es tratar de reparar el daño de la manera más digna posible. Admitamos que cometimos el error, pensemos por qué sucedió, si se pudo haber evitado y aprendamos de ello. Gracias a esa equivocación creceremos personal y profesionalmente, y maduraremos. A nuestro alrededor no generaremos pena, sino admiración y aprecio. Y más  ahora que eso de reconocer errores no se ve mucho, se lleva más lo de barrer el polvo y esconderlo debajo de la alfombra.

Cometer errores puede llegar a ser una herramienta muy valiosa, solo así podemos saber qué debemos cambiar y corregirlo. Nos permite convertirnos en personas flexibles y con gran facilidad para adaptarnos a los cambios. Hecho que según Darwin nos convertirá en los supervivientes de un entorno cambiante. De modo que no sintamos miedo a decir: “me equivoqué”. ¡Hagámoslo y aprendamos!

PON UN FRIKI EN TU VIDA

Después de muchos años de maratones de Star Wars, torneos de cartas Magic los sábados por la mañana, una estrella de la muerte como mesilla de noche, campeonatos de Los Colonos del Catán los domingos, quedadas para pintar miniaturas de El Señor de los Anillos a altas horas de la madrugada, camisetas de Batman, ChewbaccaCapitán América en el armario, almohadas y cojines de Pack-Man, y gemelos para caballero de Breakign Bad para ocasiones especiales, por fin puedo decir que estar casada con un friki tiene sus ventajas. De hecho, puedo confirmar que tener un friki en mi vida es lo mejor que me ha pasado. Estoy tan convencida de ello que puedo anunciar que tener un friki al lado es altamente recomendable para la salud. Sí, así es, y lo mejor es que puedo demostrarlo.

post friki

¿Por qué puedo afirmar algo así con tanta seguridad? Por que la salud está íntimamente relacionada con la felicidad. Y la felicidad, a su vez, con los pasatiempos, hobbies y distracciones. Tener un hobbie o una afición no es perder el tiempo, es una herramienta que nos ayuda a mejorar la salud física y mental. Nos estimula y, por tanto, nos genera bienestar. Dedicar tiempo a la fotografía, la música, leer cómics o jugar a juegos de mesa nos permiten desconectar de nuestra rutina diaria y disminuir los efectos negativos del estrés. A veces, la oficina nos obliga a vivir una vida sedentaria, a cierta soledad y aislamiento de los demás, pues llegamos tan cansados y cansadas de una dura jornada que no queremos otra cosa que tumbarnos en el sofá. Tener un hobbie puede ser nuestra salvación a la rutina y tener un amigo, novio o marido friki aún más. El amigo friki te ayudará a recordar que tu pasatiempo está ahí y que él te necesita tanto a ti como tú a él.

Amigas, conocidas y una servidora son muy felices desde que comparten su vida con un amigo, novio o marido friki. El clamor del fútbol brilla por su ausencia los fines de semana (el híbrido friki-fultbolero es un ejemplar escaso). En cambio, podemos oír el fragor de la batalla entre persas y espartanos, o la algarabía de los escoceses pidiendo “¡libertad!” desde el home-cinema, podemos hacer salidas de fin de semana para acudir a campeonatos nacionales donde más de mil personas intercambian recursos como ovejas y roca para ser el primero en construir una ciudad en los tiempos de los colonos americanos. En otras ocasiones, sólo existirá el silencio y la paz que da compartir un momento de lectura. Tú leerás la prensa o tu revista favorita en una hamaka. Junto a ti, él leerá Sadman o Spawn. Aprenderás entonces lo maravillosos que son los silencios compartidos. Tu mente y tu cuerpo estarán activos y, a la vez, encontrarán la paz que tanto anhelas.

Los pasatiempos nos pueden rebajar el nivel de ansiedad que vivimos día a día en el trabajo o con los niños. Además, sin darte cuenta ampliarás y desarrollarás otras capacidades que hasta ahora habías tenido de forma latente. Fomentarás la disciplina, la creatividad, agilidad mental y la competencia sana. Los frikis se toman muy enserio el juego, lo viven, pero su objetivo es disfrutar con los amigos y aprender. Además, hay algunos videojuegos o juegos de mesa que contribuyen al equilibrio mental y al autodominio. Y aunque pueda parecer lo contrario por tanto prejuicio que existe sobre la forma de vida de un friki, sus pasatiempos ayudan a mejorar la vida social y la calidad de vida.

post friki 2

Además, los frikis nunca dejan de ser un poco niños. Guardan la mirada ingenua de un Peter Pan atrapado en la prisión de la felicidad. Y eso es contagioso. Son felices con libros con olor a viejo, un guía sobre cómo sobrevivir a un holocausto zombie, pijamas con mensajes como “Cthulhu for President” y figuritas en miniatura con estética japonesa. Y a pesar de tener gustos un tanto fuera de lo normal, exóticos y a priori nada prácticos, son personas detallistas, sensibles y muy románticas. Tienen personalidades en peligro de extinción hoy en día.

Ahora que sé que el estado natural de la mente es la paz, no puedo parar de buscarla un ratito cada día. Puede sonar un poco a “pequeño saltamontes”, pero es así. Tener pasatiempos, distracciones, hobbies y aficiones nos permite alcanzar pedacitos de paz. De modo que, aunque llegues del trabajo cansado o cansada y tengas mil compromisos sociales, no dejes de lado tu hobbie y si aún no tienes ninguno, con un friki en tu vida seguro que encuentras uno. Todos nos merecemos vivir una vida emocionante y divertida. De lunes a viernes estamos demasiado doblegadas a nuestro despertador y jefes. Con un friki en tu vida siempre tendrás el mundo a tus pies hasta que tu marcador de vida se agote. Y aún para entonces, él siempre podrá encontrar una poción de curación mayor y restaurarte la vida.

¿AMIGAS PARA SIEMPRE?

Con tanta fiesta y amigos que vuelven a casa por Navidad he reflexionado bastante acerca del valor de la amistad. He recordado aquella película de los noventa que se titula “Amigas para siempre”, en la que cuatro íntimas amigas de la infancia se reunían veinte años después para celebrar el embarazo de una de ellas. Siguen siendo ellas mismas, pero diferentes. Recuerdan historias alegres y tristes, confidencias y peripecias que perdurarán en el tiempo. Porque las amigas de verdad, aun con el paso de los años, siempre estarán ahí. Suspendas o apruebes. En la fiesta y en la resaca. Con trabajo o en el paro. Te cases o seas madre. Siempre serán tus amigas. ¿O no?

post 1

Ahora que vivo a caballo entre solteras, casadas sin hijos y madres primerizas, escucho comentarios acerca de la amistad, el valor de la misma y cómo se sienten todas ellas en relación a ese tema desde ambos bandos. Quien ha sido la primera en tirarse a la piscina de la maternidad se siente un poco triste. Ve que todo ha cambiado a raíz del embarazo y el parto, incluida la relación con sus amigas. Piensa que ya no “están en la misma onda”. Siente que sus temas de conversación (la lactancia, los horarios, la vida familiar, etc.) aburren a sus amigas. Ya no la llaman tanto porque saben que no puede acudir a fiestas, al cine o a comer fuera. Su bebé es lo primero. Ella nota la distancia y en ocasiones piensa que las amigas no han estado a la altura de lo esperado. No saben lo que es pasar por una depresión post-parto. De modo que se ha resignado a pensar que la maternidad es como una ascensor. Te subes, marcas el piso, se cierran las compuertas y eso no lo para nadie. Entre esas cuatro paredes, ella está sola. Por eso, su mayor deseo es que todas sus amigas se queden embarazadas y tengan bebés para cementar esa brecha que ha comenzado a palparse.

Después de confesiones así piensas si serán sólo historias aisladas o algo generalizado. ¿Hay hueco para la amistad después de la maternidad? ¿Solteras y madres primerizas son incompatibles? La mayor parte de las solteras te responderá que sí. Unas u otras se han vuelto incompatibles. Las solteras piensan que sus amigas mamás son unas pesadas monotema. No saben hablar de otra cosa. Intentan escuchar a su amiga mamá, pero reconocen que llega un momento en el que se saturan. Y las pocas veces que quedan, todo gira entorno al bebé. Cuando intentan hablar de otra cosa, compartir sus problemas con el novio o el trabajo, la amiga mamá le quita importancia a todo, como si no fueran problemas graves o importantes. Sienten que la amistad no fluye en las dos direcciones. Su amiga mamá se auto-limita pensando que ya no puede hacer nada, se ha intoxicado con tanto olor a pañal y sus amigas solteras tampoco pueden disfrutar de su amiga como antes. Ellas ven que poco a poco son sustituidas por otras amigas mamás. Por su parte, las solteras suman a su grupo nuevas amigas sin ataduras para llenar ese vacío y donde queda prohibido hablar de bebés.

post 2

La tercera en discordia: la casada sin hijos. Los matrimonios con hijos te miran a veces como familia de tercera categoría y otras, con cierta envidia. Las solteras te miran con pena algunos días y otros, también con envidia al saber que en casa te espera tu amor. ¿Por qué creen las solteras que las casadas viven una vida aburrida y patética? ¿Por qué algunas casadas no se acuerdan que un día fueron solteras? ¿Por qué las amigas mamás te miran como “proyecto de familia” y no como una verdadera familia de dos? Reconozco que estar casada y sin hijos me ha supuesto una vida con mucha paz. Aún me abruma pensar en la vida de mis amigas mamás. Tampoco me cambiaría por ninguna de mis amigas solteras. Sin embargo, confieso que, a ratos, recuerdo con nostalgia las fiestas en la universidad. Y también, escucho atentamente a mis amigas mamás para estar al corriente de lo que supone tener un bebé.

El caso es que aunque tengo todas las dudas que he compartido con vosotros y vosotras pienso que un amigo o amiga es aquel que nos trae algo que no tenemos o que no hemos desarrollado. Nos aporta amor, cariño, complicidad en los buenos momentos, y admiración. Por eso, cuando tienes amigos y amigas, con sus personalidades diferentes, te enriqueces. Para mí la amistad no es competir ni compararse con las amigas. La amiga soltera es el escape que todas las mamás y casadas necesitamos. Es aire fresco, improvisación. La casada representa el ambiente familiar e íntimo. Y la que es madre ejerce de embajadora de la mujer multitarea al límite sin perder la ternura y la sonrisa. Reunirse todas supone que cada una aporta aquellos aspectos positivos que tienen las diferentes etapas de la vida. Y en los baches, buscar el apoyo de las que ya han superado esas dificultades o compartir una nueva superación juntas.

35 AÑOS Y TODAVÍA EN CASA DE PAPÁ Y MAMÁ

35 años y subiendo. Aún en casa de papá y mamá. Con novia formal. Tiene algún contrato temporal de lo “suyo” de vez en cuando, así que no sabe si algún día verá una pensión. Hablando con amigos confiesa que a veces piensa en irse fuera de España y “buscarse un curro de lo que sea”. Sin embargo, la realidad es que está esperando a que llegue un torbellino de viento como el Aajej y se lleve a su paso la mala hierba que impide florecer el crédito en nuestro país. No hace entrevistas regularmente porque la cosa está muy mal y no hay nada de lo “suyo”. Piensa que no merece la pena malgastar el tiempo. También se ha planteado la posibilidad de prepararse unas oposiciones, pero la coyuntura ha hecho disminuir el número de plazas. Como dice él: “la cosa ahora está mu jodida”. Su novia tiene un trabajillo y vive de alquiler en un piso compartido. De modo que la mitad del tiempo lo pasa en casa de sus padres y la otra mitad, en casa de su novia. Tiene toda la libertad y respaldo que necesita así que no piensa mover ficha en el terreno de la independencia por el momento. No tiene ni idea de cuánto cuesta un kilo de patatas o qué es la Tasa por prestación del servicio de gestión de Residuos Urbanos. Gracias a estar solo “medio ocupado” puede disfrutar de unos días al año en la playa y salir al extranjero en algún puente. Muchas veces concluye conversaciones diciendo: “la verdad es que no me puedo quejar”.

post vampiro 5

Los datos nos dicen que el 45% de los jóvenes de nuestro país requieren la ayuda de sus padres o tutores para emprender el gran camino hacía la emancipación. La ayuda de papá y mamá, aunque sea en forma de tupperware es bien agradecida, por supuesto. Comprendo que es complicado independizarse, sobre todo, si quieres trabajar y estudiar a la vez. Complicado, pero no imposible. Soy prueba de ello. Sé que algunos se marcharon y encontraron baches que les hicieron retornar al hogar familiar. Y tendrán que luchar para volver a conseguirlo. De los errores se aprende. Gracias a ellos nos hacemos más fuertes y sabios por que el camino que nos espera tendrá flores, pero también espinas. De acuerdo en que también el gasto social de nuestro país en los jóvenes españoles dista mucho del que se realiza en el Reino Unido o en Finlandia. Por eso, muchos optamos por marcharnos fuera y crecer profesionalmente, pero también, personalmente. Según el barómetro del Real Instituto Elcano, el 30% de los mayores de treinta años cambiaría de país para trabajar. Cambiarían, no cambian. Es decir, tercera persona del plural del futuro imperfecto. O lo que es lo mismo, un plan futuro sin fecha a la vista.

De modo que tenemos varios grupos: los treintañeros que se quedan en casa porque no les queda otra opción, los que están parados o son trabajadores precarios, aquellos que han “fracasado” en el camino a la emancipación y tienen que volver a casa temporalmente y, por último, quienes prefieren quedarse en casa. A estos últimos y a mis lectores y lectoras va dirigida mi gran pregunta: ¿Por qué? ¿Qué les motiva a esas personas a no querer salir del nido familiar? ¿Por qué no querría alguien madurar, convertirse en una persona responsable y autosuficiente?

He conocido a algunos especímenes que en la treintena no sienten el ansia de la libertad individual. Personas que no quieren subirse al vagón de la montaña rusa de la emancipación por vértigo. Tampoco sienten inquietud por experimentar la emoción de cruzar el puente de la vida por uno mismo y ver que al otro lado le esperan cuotas mayores de autonomía personal. Existen treintañeros que no desean sentir la efervescente gratificación de afrontar con éxito la incertidumbre o la soledad inicial que supone irse a vivir fuera del nido familiar. Hay quienes no quieren vivir de manera independiente y responsable porque eso supone pelear la vida, lo que puede conllevar además de alegrías, sufrimientos. La idea de que emanciparse puede suponer trabajar en algo que no es lo “suyo” o renunciar a la calidad de vida que encuentran en el hogar de sus padres no les convence. Y piensan que no han estudiado una carrera para trabajar de reponedor de un almacén o camarero. Quieren algo “mejor” que lo que tuvieron sus padres.

Después de constatar esta realidad, que existen esas personas y reflexionar sobre ello, me cabe la gran pregunta: ¿Por qué? ¿Cómo ha surgido esa actitud? ¿Es por que muchos de nuestros padres se fueron de casa con una mano delante y otra detrás sin saber qué les depararía el futuro? ¿Somos víctimas de un exceso de libertad y acomodamiento excesivo? ¿Tendrá algo que ver el cambio climático en el desarrollo de este nuevo espécimen? Tengo mil preguntas y tan solo un comentario más.

A mi me enseñaron mis padres que el mayor orgullo que puede sentir un padre o una madre es ver que sus hijos se convierten en adultos responsables y autosuficientes. Que los padres, llegado el momento, deben prepararse para darles a sus hijos las herramientas que estén en su mano para que ellos, por sí solos, consigan esa madurez e independencia que toda persona necesita para subsistir en este mundo. Querer a los hijos no es resolverles todos sus problemas, comprarles todo lo que quieren en vez de esperar a que consigan un trabajillo para ganarse aquello que tanto desean o no permitir que se equivoquen para que no sufran decepciones.  Desear lo contrario sería un acto egoísta. ¿No creéis?

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

El nuevo idioma

Acogedor de nuevas experiencias. Basta sin intuiciones experimentar el mundo.

El cuento de Saliary

Un poema a mi paranoia

El tarro de ideas

donde el tarro se destapa

Ser madre joven y SOBREVIVIR en el intento

Investigando acerca del desarrollo personal y profesional...

Mucho Más Que Dos

Investigando acerca del desarrollo personal y profesional...

avueltasconmivida

Revoltijo de ideas, palabras y ficciones

Mamá puede

Las cosas que le pasan a una mamá

No soy tan vaga

Investigando acerca del desarrollo personal y profesional...

Inspiramundo

Coach Ontológico

CON GORRO . . . Y A LO LOCO

como madre, busco la paz · como madrastra, ¡dominar el mundo! (pa qué te voy a engañar)

Barbaraontheroad

Next destination: Colombia

una madre de Marte

familia monoparental y adopción

Angel Largo

Just another WordPress.com site

Mamá y su Coquito

Investigando acerca del desarrollo personal y profesional...

massobreloslunes

Investigando acerca del desarrollo personal y profesional...

EL ESPEJO DE LA VIDA

Investigando acerca del desarrollo personal y profesional...

La vida es vivir

Estar dispuest@ a vivir aprendiendo cada día