35 AÑOS Y TODAVÍA EN CASA DE PAPÁ Y MAMÁ

35 años y subiendo. Aún en casa de papá y mamá. Con novia formal. Tiene algún contrato temporal de lo “suyo” de vez en cuando, así que no sabe si algún día verá una pensión. Hablando con amigos confiesa que a veces piensa en irse fuera de España y “buscarse un curro de lo que sea”. Sin embargo, la realidad es que está esperando a que llegue un torbellino de viento como el Aajej y se lleve a su paso la mala hierba que impide florecer el crédito en nuestro país. No hace entrevistas regularmente porque la cosa está muy mal y no hay nada de lo “suyo”. Piensa que no merece la pena malgastar el tiempo. También se ha planteado la posibilidad de prepararse unas oposiciones, pero la coyuntura ha hecho disminuir el número de plazas. Como dice él: “la cosa ahora está mu jodida”. Su novia tiene un trabajillo y vive de alquiler en un piso compartido. De modo que la mitad del tiempo lo pasa en casa de sus padres y la otra mitad, en casa de su novia. Tiene toda la libertad y respaldo que necesita así que no piensa mover ficha en el terreno de la independencia por el momento. No tiene ni idea de cuánto cuesta un kilo de patatas o qué es la Tasa por prestación del servicio de gestión de Residuos Urbanos. Gracias a estar solo “medio ocupado” puede disfrutar de unos días al año en la playa y salir al extranjero en algún puente. Muchas veces concluye conversaciones diciendo: “la verdad es que no me puedo quejar”.

post vampiro 5

Los datos nos dicen que el 45% de los jóvenes de nuestro país requieren la ayuda de sus padres o tutores para emprender el gran camino hacía la emancipación. La ayuda de papá y mamá, aunque sea en forma de tupperware es bien agradecida, por supuesto. Comprendo que es complicado independizarse, sobre todo, si quieres trabajar y estudiar a la vez. Complicado, pero no imposible. Soy prueba de ello. Sé que algunos se marcharon y encontraron baches que les hicieron retornar al hogar familiar. Y tendrán que luchar para volver a conseguirlo. De los errores se aprende. Gracias a ellos nos hacemos más fuertes y sabios por que el camino que nos espera tendrá flores, pero también espinas. De acuerdo en que también el gasto social de nuestro país en los jóvenes españoles dista mucho del que se realiza en el Reino Unido o en Finlandia. Por eso, muchos optamos por marcharnos fuera y crecer profesionalmente, pero también, personalmente. Según el barómetro del Real Instituto Elcano, el 30% de los mayores de treinta años cambiaría de país para trabajar. Cambiarían, no cambian. Es decir, tercera persona del plural del futuro imperfecto. O lo que es lo mismo, un plan futuro sin fecha a la vista.

De modo que tenemos varios grupos: los treintañeros que se quedan en casa porque no les queda otra opción, los que están parados o son trabajadores precarios, aquellos que han “fracasado” en el camino a la emancipación y tienen que volver a casa temporalmente y, por último, quienes prefieren quedarse en casa. A estos últimos y a mis lectores y lectoras va dirigida mi gran pregunta: ¿Por qué? ¿Qué les motiva a esas personas a no querer salir del nido familiar? ¿Por qué no querría alguien madurar, convertirse en una persona responsable y autosuficiente?

He conocido a algunos especímenes que en la treintena no sienten el ansia de la libertad individual. Personas que no quieren subirse al vagón de la montaña rusa de la emancipación por vértigo. Tampoco sienten inquietud por experimentar la emoción de cruzar el puente de la vida por uno mismo y ver que al otro lado le esperan cuotas mayores de autonomía personal. Existen treintañeros que no desean sentir la efervescente gratificación de afrontar con éxito la incertidumbre o la soledad inicial que supone irse a vivir fuera del nido familiar. Hay quienes no quieren vivir de manera independiente y responsable porque eso supone pelear la vida, lo que puede conllevar además de alegrías, sufrimientos. La idea de que emanciparse puede suponer trabajar en algo que no es lo “suyo” o renunciar a la calidad de vida que encuentran en el hogar de sus padres no les convence. Y piensan que no han estudiado una carrera para trabajar de reponedor de un almacén o camarero. Quieren algo “mejor” que lo que tuvieron sus padres.

Después de constatar esta realidad, que existen esas personas y reflexionar sobre ello, me cabe la gran pregunta: ¿Por qué? ¿Cómo ha surgido esa actitud? ¿Es por que muchos de nuestros padres se fueron de casa con una mano delante y otra detrás sin saber qué les depararía el futuro? ¿Somos víctimas de un exceso de libertad y acomodamiento excesivo? ¿Tendrá algo que ver el cambio climático en el desarrollo de este nuevo espécimen? Tengo mil preguntas y tan solo un comentario más.

A mi me enseñaron mis padres que el mayor orgullo que puede sentir un padre o una madre es ver que sus hijos se convierten en adultos responsables y autosuficientes. Que los padres, llegado el momento, deben prepararse para darles a sus hijos las herramientas que estén en su mano para que ellos, por sí solos, consigan esa madurez e independencia que toda persona necesita para subsistir en este mundo. Querer a los hijos no es resolverles todos sus problemas, comprarles todo lo que quieren en vez de esperar a que consigan un trabajillo para ganarse aquello que tanto desean o no permitir que se equivoquen para que no sufran decepciones.  Desear lo contrario sería un acto egoísta. ¿No creéis?

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2 pensamientos en “35 AÑOS Y TODAVÍA EN CASA DE PAPÁ Y MAMÁ

  1. No podría estar más de acuerdo con todo lo que dices. Y, sin embargo, me veo en el chaval de 35 que has puesto, solo que yo tengo 27 y de momento ganaría por unos meses lo comido por lo servido. Pero quiero independizarme. Un día ese futuro imperfecto se convertirá en presente. Estoy segura de ello. Y gracias por el mensaje: necesitaba leer lo que llevo creyendo desde los 23.

    • De nada Matgor. A veces, algunos o algunas, funcionamos mejor bajo presión. Yo me marché de mi casa porque quise muy jovencita, para demostrarme que podía hacerlo mientras estudiaba en la universidad. Tuve mil currillos, de todos he aprendido, de todos tengo una anécdota. Y como tu dices: “lo comido por lo servido”, pero a mi espalda me quedan años de independencia, de crecimiento personal, gran autonomía y responsabilidad. Y el orgullo de mis padres por ver que su niña se convertía en toda una adulta.

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